¿Mercurio en nuestro plato?

¿Es sano comer pescado?

Claro que si, pero hay que considerar varios factores. Phillipe Emanuelli, en su libro Fish, nos cuenta:

La carne de pescado magro es baja en calorías; la del pescado graso es aceitosa, pero este tipo particular de grasas poliinsaturadas (omega-3), promueven la protección de los sistemas cardiovascular y nervioso.

El conjunto es una fuente de proteína de calidad, un cóctel único de minerales – fósforo, calcio, sodio, yodo – que son fácilmente metabolizados por nuestro organismo.

Si añadimos un nivel significativo de las vitaminas A, D o B, especialmente B12, sin duda, el pescado es bueno para la salud.

Pero ¿qué pasa con la contaminación? Muchos sitios marinos presentan en los análisis un verdadero catálogo de todo eso que la industria desecha y no es biodegradable, en particular los contaminantes – pesticidas, antibióticos, estrógenos, antidepresivos, anabolizantes, dioxinas, PCB, bisfenol, microplásticos, componentes de microordenadores, cremas y aceites solares – y, por supuesto, algunos metales pesados – plomo, cadmio y metilmercurio.

Estos contaminantes y metales pesados se acumulan en los principales depredadores, en el último eslabón de la cadena alimentaria (atún, pez espada, tiburón).

Esta contaminación esta muy generalizada y se salvan muy pocos sitios. Por otra parte, la mayoría de los peces son migratorios, y frecuentan a lo largo de su vida numerosos biotopos sensibles a la contaminación.

 

¿Que hacer entonces?

Evitar consumir grandes depredadores, y comer moderadamente especies más pequeñas. Algunos países ya han hecho recomendaciones oficiales que limitan el consumo de pescado en general, y de manera drástica para las mujeres embarazadas, niños pequeños, adolescentes…

Deje de lado los peces carnívoros de la acuicultura intensiva. Si no está seguro de su origen, limite su consumo a unos pocos cientos de gramos a la semana, y evite las partes grasas del pescado – el hígado, la piel – donde los contaminantes pueden acumularse.

Imagen: Sardina y Caramel, del libro Fish, Phillipe Emanuelli